Darmstadt

Darmstadt
genau!!

domingo, 31 de mayo de 2009

Schlossgrabenfest


El último fin de semana de mayo, de jueves a domingo, tiene lugar el Schlossgrabenfest, el mayor festival de música de Hessen. El emplazamiento, inmejorable. En pleno centro, en los alrededores del Schloss y del Herrngarten, se colocan carpas de comida y bebida y, por supuesto, los escenarios.

Es increíble la cantidad de gente que se deja ver por las calles a eso de las 5 de la tarde. Además de las terrazas que ya están a rebosar bajo el sol de mayo, ahora se le suman los conciertos y Darmstadt tiene más vida que nunca.

Y así se ve el Schloss ahora, rodeado de tenderetes y de mucha mucha gente. Y todo con un sol reluciente que te transporta inconscientemente a las fiestas de la virgen de la Paloma en Madrid, a las del 2 de mayo, a cualquier celebración popular.


De la música hay que decir que eran (casi) todos grupos alemanes, conocidos en Alemania pero cuyos únicos fans extranjeros eran Perry, Mason y en ocasiones el Tato. Aunque la mayoría cantaban ska y rock en inglés e, importante, a últimas horas de la noche versionaban canciones conocidas que hacían vibrar y saltar al público.

Parece que al final voy a volverme con la idea de que en España y Alemania las cosas no son tan distintas: chonis en las ferias hay en ambos lugares, terrazas que se llenan a sol y sombra, gente con ganas de pasárselo bien... ¿Diferencias a resaltar? El descuento en transportes, el sueldo y cambiar el tinto/sangría por la cerveza.



http://www.schlossgrabenfest.de/2009/

sábado, 30 de mayo de 2009

Brauereibesichtigung --- Brewery Tour

El pasado jueves fue un día importante.
Y esperado. Y es que, cuando te gusta mucho una cosa, la oportunidad de ir al lugar donde se crea la sabrosa, espumosa y deliciosa cerveza, es algo que esperas con ansia.
Y así es como un grupo de erasmus de todas las nacionalidades (española en abundancia, como no podía ser de otra manera) visitamos la fábrica de la Pfungstädter. Intentamos no dormirnos durante la charla de la visita en alemán, esperando con ansia el momento de degustación de la cerveza que nos esperaba al final.


La tradición cervecera de Alemania es muy antigua, y según consta en una enciclopedía germana de 1645, la bebida típica de las tribus de ese país era el "Mer", tradicional brebaje fermentado, néctar divino.


Antes de conocer el lúpulo, los europeos del norte utilizaban hierbas aromáticas y plantas silvestres, logrando una Cerveza más ligera, de poca duración y no apta para el transporte. En el siglo XII el rey Juan Primus, conocido como Gamb
rinus, combate el hambre en sus dominios a través del cultivo de la cebada, con lo que impulsó la fabricación de la Cerveza. En la Edad Medía, las tierras alemanas poseían cerca de 500 claustros en los cuales se elaboraba y comercializaba Cerveza, ya que al estar prohibido el vino en la cuaresma, bebían Cerveza. Esto no era privilegio exclusivo de los monjes, puesto que las monjas de los Prados de Santa Clara, recibieron de parte de los duques de Baviera, el derecho de elaborar su propia Cerveza.

Alemania ha influido mucho en las características de la Cerveza moderna, al punto de que hoy en día cuenta con una "Ley de Pureza", promulgada por el duque bávaro Guillermo IV en 1516. Esta norma obliga a producir la bebida con cebada malteada, levadura, lúpulo y agua.

Y una vez que descubrimos cómo se elaboraba la cerveza, llegaba el momento de probarla. Nos dieron una salchicha con pan y una vez que sirvieron la comida se abría la barra libre de poder pedir la cerveza que te apeteciera probar... y así una después de otra. ¡Así da gusto hacer turismo!


domingo, 24 de mayo de 2009

Spañische Party Vol II


Lo hemos vuelto a hacer.
Incluso podría decirse que con más sudor y lágrimas que la última. Hay que ver, lo complicado que es montar una fiesta y aún peor es coordinar a un grupo de erasmus españoles.

Pero parece que tanto esfuerzo ha merecido la pena. Y eso que se esperaba mucho menos, porque el jueves de esta semana era Feiertag y un fin de semana de 4 días es un bien preciado que mucha gente aprovecha para viajar.

Se echó de menos a mucha gente, muchos erasmus que faltaron por culpa del puente, pero, como la otra vez, se me pasó la fiesta volando. Y por supuesto se llenó de gente. Entre el ir y venir de un lado a otro de la fiesta, de los djs y la tarima a la barra, saludar, sacar fotos, invitar a algo o que te inviten, salir un rato fuera a tomar el aire y aprovechar los veintipico grados que hacía, disfrutar del estrés de servir en la barra, distribuir pegatinas y agenciarme la mitad, hablar con la gente, perder mil y una veces el pseudoclavel-rosa de papel que daba el toque folclórico a la vestimenta femenina de los organizadores, bailar pegados, separados, subir a la barra, a la tarima, reír mucho mucho, pedir alguna canción, buscar a gente, encontrarla, perderla de nuevo, que te encuentren...

Una gran fiesta. Incluso la limpieza del baño tuvo su punto de gracia, a pesar de que fuera a las 8 de la mañana y estuviéramos todos destrozados.

¡Y aún me quedan dos más a organizar! Si es que la tradición continúa y, visto el éxito que se repite con cada una, no me cabe duda alguna de que así será para todos los erasmus venideros.

lunes, 18 de mayo de 2009

Berlín, más alternativo que nunca



Decía un simpático personaje de aquí de Darmstadt, en un momento de ubriaca felicidad, que hay dos tipos de turismo: el turismo de día, y el turismo de noche. Pues bien, con esas palabras podría resumirse perfectamente el pasado fin de semana en Berlín.

El primer día, tras un confortable vuelo de Ryan-air previo bus al aeropuerto patrocinado por la mafia turca, como buenos erasmus que somos, fue sencillo de planear. Llegamos a las 22.00 y cenamos por 3 euros (un punto mágico de Berlín es lo barato que es salir, de ahí la vida que hay en sus calles) con Berliner Pilsner de la que no nos cansamos en todo el fin de semana, paseamos un poco por sus calles del este hasta llegar a una discoteca frecuentada por los erasmus, el Sage, donde el roch y el heavy se mezclaban en dos salas de distintos escenarios, donde una cama de armazón de metal aparecía en medio de la nada junto a un columpio entre una decoración rayante y, cuenta la leyenda porque nosotros no lo vimos, que en alguna parte hay una piscina.

La noche acabó con nosotros volviendo con las primeras luces de la aurora. Tras dormir un rato e improvisar un rápido brunch con muuuucho café nos lanzamos a conocer la ciudad. Lo primero, un Freetour al que podías unirte cada día desde la puerta de Brandemburgo, donde una simpática argentina, que vivía al máximo cada palabra que contaba, nos sumergió en la historia berlinesa con anécdotas que no conocíamos.



Como por ejemplo la de la caída del muro de Berlín, un hecho tan importante del que nunca me había parado a pensar cómo había ocurrido realmente. Y para los que desconozcan la historia, al final de aquella visita, sentados en el césped frente a la Dom descubrimos cómo, al final de una conferencia de prensa retransmitida en directo por televisión, a últimas horas de la tarde del 9 de noviembre de 1989, el Secretario de Agitación y Propaganda del Partido Socialista Unificado de la RDA, Günter Schabowski, anunció a las 18:57, incidentalmente, la aprobación de un decreto que permitía a los ciudadanos de la RDA viajar sin limitaciones fuera de las fronteras de la misma.


Dicen que las segundas partes nunca son buenas pero en el caso de los viajes se equivocan. Una vez más, después de Praga, repito ciudad, y una vez más vuelvo enamorada de ella.

Se puede alegar compañía, fiesta, buen tiempo o que sin duda la ciudad lo merece. Y sobre todo que, más allá de los monumentos, me he sumergido en sus calles, en sus barrios, hasta en el patio de sus casas.

Del Berlín bohemio y tranquilo que con un acordeón en la esquina te transporta a las calles de St. Michel al barrio judío con la metralla tachonando las paredes y las placas que reviven nombres y personas; de las callejuelas en las que se mezclan todos los estilos arquitectónicos conocidos, cristaleras, paredes decoradas con antónimos que hacía un guiño a la constante antítesis de la ciudad, balcones románticos o pintadas de grafitis; los restaurantes improvisados en cualquier edificio derruido manteniendo su orgullosa decadencia; los patios interiores de terrazas elegantes o con un Café-cinema de corte alternativo con las paredes desconchadas y donde el arte y la escultura libre son su dogma; las bombillas de colores que, en cuanto empezaba a bajar el sol del cenit se encendían en cada esquina... ¿Duerme la ciudad? No. No al menos tres días que yo estuve allí, dónde a las 3, 4, 5 de la mañana había un kebab que comerse, donde a medianoche podías cenar sin problemas, donde varios Spätkaufen siempre abiertos calmaban tu sed de cerveza.

El Spree llevaba en sus orillas esa magia del constante cambio inesperado, insólito. Con la misma probabilidad nos encontrábamos una fiesta en una casa-barco de madera, como un parque de bancos gigantes y coches forrados de césped con altavoces en su interior, playas aritificiales con toda una extensión de pistas de volley playa y bar con palmeras y hamacas al más puro estilo de Hawai, pistas de baloncesto llenas de grafitis sacadas del Bronx, algún monumento, casas de corte comunista...

Aunque para alternativismo, la casa okupa que visitamos. Por fuera era un edificio de piedra con pinta de estación medio derruida, por dentro era muuuuucho mejor que cualquier ascensor de Karlshof. Todos sus pisos estaban inundados de artistas que pintaban al mismo tiempo que recibían curiosos como nosotros. Paz, anarquía, amor, tanques tachados con una inmensa cruz negra y el cambio climático eran los temas más recurrentes. Luego, un inmenso patio de arena donde se reunía la gente con una caravana llena de colores, bancos para sentarse, para pensar, hablar, inspirarse... Esculturas metálicas, tiendas de lonas de té y artesanía, música...



Acabamos un día tan alternativo y surrealista bailando en una antigua central eléctrica, con música tecno, sacudidas de luces, humo y croissants de compañeros de sala. El Tresor (no de Lancôme, Tresor a secas, de glamour no tenía nada): http://www.tresorberlin.de/.
No volvería, pero estuvo bien por un rato. La decoración (o mejor, dicho, la ausencia) se centraba en carteles con el número de KWh y alguna que otra palabreja indescifrable en alemán, salas con rejas con sofás en su interior, pasillos bajos y axfisiantes. Ni que decir lo que me alegré a la salida y ver un sol reluciendo con fuerza. Y es que este finde, los amanceres en Berlín parecían sacados del mediodía. Caminamos con calma, disfrutando de la ciudad despertándose, cruzando Alexanderplatz y soñando con tener un casa allí algún día.

Primero fue Praga, luego Estambul y ahora Berlín. Tres ciudad muy diferentes en tres países que no tienen nada que ver. La primera, de una mórbida belleza cuya melancolía te atrapaba los sentidos. La segunda, a medio camino entre dos continentes, contenía la magia de un glorioso pasado y sus imponentes reyes mezclado con el tumultuoso mundo actual. Y por último Berlín, llena de heridas de metralla en sus fachadas pero dinámica, viva, juvenil, inspiradora.


Eso sí, hay un punto importante a destacar: ni el Moldava o el Spree llegan a alcanzar ni un ápice de majestuosidad del Bósforos.

lunes, 4 de mayo de 2009

A la pata coja

Bueno, el asunto de este post no es nada reciente, afortunadamente los cinco días que me pasé con muletas sólo fueron eso, cinco días en que el trayecto de 4minutos a la parada de autobús se convertía en 15minutos... Una semana en la que, para colmo de males, el ascensor no funcionaba y los 4 pisos primero con muletas y luego a la pata coja te hacían pensar dos veces el salir de casa. Aunque eso de salir es relativo, y sino que se lo preguten a la barbacoa que me motivó a ir al Erasmus Montag en muletas... Mal mal mal, sobre todo la vuelta a casa, pero vamos, ¡que estoy de erasmus!, hay que salir de la normalidad y la cordura de vez en cuando...

Una semana también en la que me cocinaban, en la que sólo tenía que sentarme en la mesa y esperar y en la que te dabas cuenta de que, aunque cuando lo haces no te lo parece, también es bonito ayudar, porque es bonito moverse al fin y al cabo. Aunque no echaba de menos fregar, añoraba el hecho de poder hacerlo. Una semana de ir a cocollito y en la que, cuando la cosa se ponía difícil, me prendían in braccio.

Gracias a todos por cuidarme un poco, en especial a Ane y a Josè. :)

Y así de largo se me va a hacer el mes de mayo. Sin posibilidad de hacer ningún deporte. La gente está yendo a escalar, en bici por las montañas, a hacer kayak y piragüismo, a jugar al volley... Y yo que tengo que convencer a alguien para echar una partida de ping-pong... ¿por qué? ¿por qué yo? Había otros 5 más que podrían haberse caído hace ya dos semanas en aquella fatídica tarde de baloncesto fustrado que acabamos jugando al fútbol.

Y te pierdes algunos viajes el fin de semana pero igual descubres otros... Y así es como el pasado 1 de mayo pude divertirme (y no sin esfuerzo, porque digamos que mi pierna izquierda carga bastante más parte de mi peso que mi pierna derecha) con una tradición alemana que incluía un día en la montaña y los campos de vides de Hessen.

La hora de encuentro, muy alemana: 9.30 en la Haupbanhof.
Requisitos: ropa cómoda, calzado más cómodo, unos sandwiches y una botella de vino (mínimo).
El equipo en acción: en la foto.


Eran varios los que dudaban de mi capacidad para realizar tal travesía (calculo que unos 12-15km con alguna que otra pendiente) y a todos los dejé asombrados. Incluso a mí misma, pero bueno, el médico me dijo que andase todo lo que pudiera, ¡y vaya si seguí sus consejos!

Sólo me ha quedado pendiente volver con la pata buena (en bici, nada de vaguear en el tren) y hacer la croqueta en las suculentas cuestas repletas de vides al borde de la montaña...