Berlín, qué ciudad tan mágica. Incluso cuando llueve y no apetece nada salir, te acaba atrapando, seduciéndote a desafiar el mal tiempo y recorrer sus calles.
Y si, por añadidura, la compañía es la mejor posible, si se hace un pequeño remember de una clásica cena en Karlshof, se inventan platos nuevos donde se cocina con muuuucho ajo (pero que mucho!), se aprende a hacer
baklava y empanada gallega y se invita a tanta gente, alguna desconocida, como platos hay en casa, el resultado no hace más que aumentar mi ya imperecedera sonrisa.
Y volver a hablar de nuevo mil idiomas a la vez: español, turco, francés, italiano, inglés y alemán, esta vez mucho alemán, y aprender algo nuevo de cada uno de ellos. Y conocer gente nueva, especial, descubrir un
target que es posible, un brunch en pleno Kreuzberg soleado, hacer amigos y salir de fiesta con ellos, comprar libros en cualquier idioma por 1€, descubrir el encanto que hay en el bar de shisha más cutre jamás imaginado, planear futuros reencuentros, soñar con ellos.
Me siento melancólicamente nostálgica y alegre. Mas, ¿es posible sentir nostalgia del futuro, anhelar lo que está por suceder?
Quizá sea a causa de la melodía que impregna estas letras que escribo. La canción, buscadla pues merece la pena: "El pico" de Ratatat, unos new yorkinos recién descubiertos y que me inspiran de un modo extraño... Ellos, o la ciudad, o la vida en general...
Y es que... viva la vita y es lebe Berlin!!