Darmstadt

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genau!!

miércoles, 6 de octubre de 2010

Epílogo


Como bien decía mi querido Señor, nunca pongas un punto final, sino un punto y a parte. Yo estaba convencida de que el erasmus no podría aportarme nada más, que estos dos años habían sido más que suficiente. Parece que, de nuevo, estaba equivocada. Aunque esta vez la equivocación fue la más dulce y risueña posible.

Otro año erasmus empieza de nuevo, cambia la gente, pero el espíritu es el mismo. Reunidos, cenas, bebidas, planes de viajes, cocina creativa-surrealista-casera, mucho Federweisser, gente que entra, sale, que viene, que va, gente que te cae bien, muy bien, canciones que hacen vibrar el alma y saltar el corazón, una risa alocada, una sonrisa sincera.

Han sido los últimos y mejores días en Darmstadt, no podía pedir una despedida mejor ni un Karlshof más soleado. Es increíble cómo te sorprende la vida cuando menos te lo esperas, y lo mágico que eso resulta cuando pasa. Me encanta.

Me encanta lo que he vivido, lo que estoy viviendo y lo que me queda por vivir. Tengo ganas de reencuentros como el de la semana que viene, tengo ganas de otros dos, tres o cuatro días mágicos por Darmstadt en noviembre, tengo ganas de empezar de cero en París, Berlín... Groenlandia??!! Quiero añadir a mi infinita lista de libros una lista más larga todavía de canciones. Y dejar que sus notas sacudan mi espíritu con la misma fuerza que lo hacen estas palabras. Y aprender a tocar la guitarra en cuanto me asiente... Y conocer nueva música que escuchar hasta el agotamiento.

Y cocinar hasta morirme de risa, sea ajo o tiramisù. Y hacer del REWE un parque de atracciones. Y contar los fideos de una fideuà. Y tratar de volar en una bici azul. Hacer gymnastik en el Schlosskeller y esquivar las multas de la polizei de noche. Reencontrarme con mi 6A 81 y echarlo de menos a rabiar. Reencontrarme con quien que ha sido parte de mi esencia y dejarlo marchar con una sonrisa. Imaginar cómo montar una regata con barcos de huevo kinder (para quien no lo haya intentado, es todo un reto). Y reírme a carcajada limpia. Y dejar que hablen las miradas. Y mirar el cielo estrellado desde el balcón de Karlshof. Y escuchar la melodía de los árboles con los ojos cerrados desde el césped soleado del Herrengarten. Y sentir que tienes una fuerza de gigantes, que eres imbatible.

Recordar el romanticismo de mi más pura esencia.

Y que el Kharma siga haciendo efecto, que lleve sobrepeso y la azafata me sonría. Y un vuelo puntual. Y sentir cómo se me encoge el corazón al ver desde el cielo Madrid iluminado. Y una sorpresa en el aeropuerto, con el mejor cartel-jeroglífico de bienvenida posible que te hace sentir en casa... ¿quién no lo adivina?





















Siempre es bonito volver. Y sentir que la vida, cada día que pasa lo tengo más claro, que la vida es chula, muy chula!!! (quiero esa camiseta!)

La solución al jeroglífico se publicará en el próximo post.



P.D. Y sigo escuchando-cantando-saltando-bailando LA canción... :)

P.P.D. La mejor receta jamás escrita. Gracias mañico.


REALIDAD SOBRE POSTRE CASERO

Paso 1) Compra de ingredientes para Tiramisú:



- Huevos



- Bizcochos



- Mascarpone



Paso 2) Pregunta:



- Ya está todo?



Paso 3) Respuesta:



- Si, claro

Paso 4) Realización del postre en cuestión, dudas:



- ¿Tenemos azúcar, café, ron, batidora, montadora, 2 recipientes cuadrados, 3 redondos y chocolate?



Paso 5) Realidad, respuesta a las dudas:



- No, mierda, Ana tiene? Ivan tiene?



Paso 6) Admisión + confianza:



- Seguro...tienen de todo.

Paso 7) Elaboración:



- Batir, montar y "desmontar" todo en uno en, cómo, cuando se usa una máquina de cocina, la cosa puede acabar mal...



Paso 8) Montaje:



- Paso al montaje del flan, hay no...tiramisú...previa regada con litro and a half de Ron; puesta en nevera.



Paso 9) Sorpresa máxima:



- Tiraflansú delicioso, me gusta que las cosas salgan bien...!

viernes, 1 de octubre de 2010

The End

Llevo mucho tiempo retrasando la escritura de este post, pues es el más especial de todos, y requería mucho cuidado y sobre todo mucha inspiración.

Resumir y despedir estos dos años no es cosa fácil.

Y es que un día como hoy, 1 de octubre de 2008 llegaba yo a Darmstadt. En aquel momento no lo sabía, pero ese día cambió mi vida para siempre.

Dos años, nada más y nada menos. ¿Y qué ha pasado con ellos? Pues que he vivido, ¡vaya si he vivido! He vivido con todas las consecuencias, buenas y malas. He sentido la felicidad y el sufrimiento más cercanos que nunca, esos dos compañeros de viaje que están presentes a lo largo de nuestra vida. He experimentado el dolor y la pérdida, despedidas y reencuentros, risa y llanto, he sentido mariposas exaltadas en el estómago, he conocido a gente increíble, y he experimentado su bondad, empatía y tolerancia, sus sentimientos más humanos.

Creo que no cambiaría nada. Todos los errores cometidos no son más que tiernos pasajes de nostalgia. A veces, equivocarnos nos ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva. A crecer más como personas. A valorar más aquello que poseemos. A aprender a ver la vida como un río que fluye incansable, a comprender que nada es eterno, que todo fluye, a desafiar los cambios que se suceden con un sonrisa.

Quizá lo único que haría si pudiera vivir de nuevo serían más cosas, todo aquello que me quedó pendiente, las oportunidades que en su momento dejé escapar. No obstante, en el fondo no me arrepiento, pues creo que siempre tendemos a desear más de lo que tenemos, a planear más de lo que podemos y al final no disfrutamos como deberíamos cada pequeño logro.

Y es que hago balance y en mi rostro se dibuja una sonrisa. De hecho, ahora mismo estoy escribiendo palabras perfiladas de sonrisas. Cada pequeño momento, incluso cuando desde el salón observaba solitaria los eternos días de lluvia azotar las ventanas, ha tenido su momento de magia. Y eso es lo que cuenta.

Con un nuevo objetivo descubierto, la búsqueda de la felicidad espontánea. Esa que no requiere que ocurra nada para hacerte vibrar de alegría. Y de la risa ligera, esa que ahuyenta todos los males, pues cuando te ríes no hay tiempo para pensar.

Y, sin embargo, no tengo nada. Ni trabajo, ni casa, ni compañero de viajes. Pero me tengo a mí de una pieza, y a unos amigos increíbles que me cobijan cuando me hace falta. Y toda una vida que construir por delante.

Así pues, me siento un manojo de ilusiones y sueños, libre y sonriente. Me siento más madura, más fuerte. Más tranquila. Más alocada. Me siento yo en mi más puro estado, con ganas de empezar de nuevo de cero, de reinventarme un poco cada día.


Et voilà, eccomi, la rosa azul de todos los colores.
The eternal passenger. Por y para siempre... e comunque.
Mejor que nunca.



"Libre soy, ¡siénteme libre!"
M.H.