Como bien decía mi querido Señor, nunca pongas un punto final, sino un punto y a parte. Yo estaba convencida de que el erasmus no podría aportarme nada más, que estos dos años habían sido más que suficiente. Parece que, de nuevo, estaba equivocada. Aunque esta vez la equivocación fue la más dulce y risueña posible.
Otro año erasmus empieza de nuevo, cambia la gente, pero el espíritu es el mismo. Reunidos, cenas, bebidas, planes de viajes, cocina creativa-surrealista-casera, mucho Federweisser, gente que entra, sale, que viene, que va, gente que te cae bien, muy bien, canciones que hacen vibrar el alma y saltar el corazón, una risa alocada, una sonrisa sincera.
Han sido los últimos y mejores días en Darmstadt, no podía pedir una despedida mejor ni un Karlshof más soleado. Es increíble cómo te sorprende la vida cuando menos te lo esperas, y lo mágico que eso resulta cuando pasa. Me encanta.
Me encanta lo que he vivido, lo que estoy viviendo y lo que me queda por vivir. Tengo ganas de reencuentros como el de la semana que viene, tengo ganas de otros dos, tres o cuatro días mágicos por Darmstadt en noviembre, tengo ganas de empezar de cero en París, Berlín... Groenlandia??!! Quiero añadir a mi infinita lista de libros una lista más larga todavía de canciones. Y dejar que sus notas sacudan mi espíritu con la misma fuerza que lo hacen estas palabras. Y aprender a tocar la guitarra en cuanto me asiente... Y conocer nueva música que escuchar hasta el agotamiento.
Y cocinar hasta morirme de risa, sea ajo o tiramisù. Y hacer del REWE un parque de atracciones. Y contar los fideos de una fideuà. Y tratar de volar en una bici azul. Hacer gymnastik en el Schlosskeller y esquivar las multas de la polizei de noche. Reencontrarme con mi 6A 81 y echarlo de menos a rabiar. Reencontrarme con quien que ha sido parte de mi esencia y dejarlo marchar con una sonrisa. Imaginar cómo montar una regata con barcos de huevo kinder (para quien no lo haya intentado, es todo un reto). Y reírme a carcajada limpia. Y dejar que hablen las miradas. Y mirar el cielo estrellado desde el balcón de Karlshof. Y escuchar la melodía de los árboles con los ojos cerrados desde el césped soleado del Herrengarten. Y sentir que tienes una fuerza de gigantes, que eres imbatible.
Recordar el romanticismo de mi más pura esencia.
Y que el Kharma siga haciendo efecto, que lleve sobrepeso y la azafata me sonría. Y un vuelo puntual. Y sentir cómo se me encoge el corazón al ver desde el cielo Madrid iluminado. Y una sorpresa en el aeropuerto, con el mejor cartel-jeroglífico de bienvenida posible que te hace sentir en casa... ¿quién no lo adivina?


Siempre es bonito volver. Y sentir que la vida, cada día que pasa lo tengo más claro, que la vida es chula, muy chula!!! (quiero esa camiseta!)
La solución al jeroglífico se publicará en el próximo post.
REALIDAD SOBRE POSTRE CASERO
Paso 1) Compra de ingredientes para Tiramisú:
- Huevos
- Bizcochos
- Mascarpone
Paso 2) Pregunta:
- Ya está todo?
Paso 3) Respuesta:
- Si, claro
Paso 4) Realización del postre en cuestión, dudas:
- ¿Tenemos azúcar, café, ron, batidora, montadora, 2 recipientes cuadrados, 3 redondos y chocolate?
Paso 5) Realidad, respuesta a las dudas:
- No, mierda, Ana tiene? Ivan tiene?
Paso 6) Admisión + confianza:
- Seguro...tienen de todo.
Paso 7) Elaboración:
- Batir, montar y "desmontar" todo en uno en, cómo, cuando se usa una máquina de cocina, la cosa puede acabar mal...
Paso 8) Montaje:
- Paso al montaje del flan, hay no...tiramisú...previa regada con litro and a half de Ron; puesta en nevera.
Paso 9) Sorpresa máxima:
- Tiraflansú delicioso, me gusta que las cosas salgan bien...!
