Creo que nunca se es demasiado joven ni demasiado mayor para renacer. Como que nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde. Somos nosotros y los estímulos que nos impulsan cada día los que decidimos el momento justo de hacer las cosas. Es nuestro corazón el que le guiña un ojo a la cabeza para decirle "allá vamos, no pienses más!".
Y es que, a veces, pensar es malo, pues te impide ver todo lo que tienes delante, te hace olvidar la intrínseca poesía que perfila el momento más intranscendental, haciéndolo único e irrepetible.
Yo quiero de vuelta esa poesía, ese sentimiento de plenitud que me recorre cuando siento el murmullo del mar a mis espaldas, con el fragmento de una canción, un libro, o ambos, que hacen vibrar cada átomo de mi ser, con la fantasiosa realización de un proyecto, una aventura, con la muda contemplación de las últimas gotas que caen, silenciosas, de un portal tras un chaparrón, ese renacer del arco iris tras una tumultuosa cortina de lluvia...
Por qué cuándo lo tenemos todo nos empeñamos en torturarnos con la única cosa que no tenemos? Por qué no ser feliz con la bolsa de las 99 monedas de oro sin pensar en conseguir a toda costa la centésima? Más importante que la búsqueda de un anhelo es saber reconocer cuándo se halla ante nosotros. Y saber esperarlo.
Porque, quién sabe lo que nos depara el destino, cuánto tiempo más hemos sido obsequiados con este preciado don que a veces no sabemos aprovechar y luego lamentamos haberlo perdido... Y, sobre todo, qué poco cuesta saludar al día con una sonrisa!
Gracias a todos los que, desde lejos y desde cerca, me habéis traído de vuelta y, sobre todo, me habéis recordado que fui, soy y seguiré siendo un espíritu libre!
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú. Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.
Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar. Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.
Y es que sólo nosotros mismos y nadie más tiene el mágico poder de hacer que la vida sea maravillosa, así pues, a qué estamos esperando? ;)
Darmstadt
genau!!
viernes, 30 de abril de 2010
martes, 6 de abril de 2010
Ostern
Ha sido la semana santa más corta de los años que llevo vividos, con pseudovacaciones de viernes a lunes (ambos incluidos) y paradójicamente, una de las mejor aprovechadas.
Y es que es cierto eso que dicen de que querer es poder. Poder estudiar y querer hacer muchas cosas es compatible. Porque a veces se quiere estudiar pero se necesita hacer algo allén de los mar... apuntes (el subconsciente me traiciona demasiado, quiero horizontes abiertos!).
Como disfrutar de un tenue sol arrojado con fuerza sobre las mejillas por un viento gélido cruzando el bosque en bici, dejar que un libro te alicate el corazón con cada palabra, reencontrarse con las ganas de cocinar para ti y para otros, sentarme por primera vez frente al televisión de mi salón y ver Matrix, un peliculón de la infancia, en alemán y comentar a un Keanu Reeves más impasible que nunca, "echar de menos" a Cifra al día siguiente con Matrix Reloaded, una barbacoa con carne, salmón, piña y cebolla caramelizada, nadar 2 km y sentirme nueva, echar unos tiros a basket hasta acabar con un dedo azul, un brunch de Pascua que probó el límite de mi estómago, celebrar la Pasquetta con la clásica Colomba a falta del Roscón, limpiar la casa al ritmo de la música, leer/escribir desde el sofá con la luz del amanecer entrando con fuerza en mi salón limpito, saciar un antojo de tortilla y pan tumaca, aprender a hacer pizza, que el no entender el alemán bien nos lleve a entrar gratis en una fiesta, estudiar en el Herrngarten a golpe de guitarra y de gaita (sí, de gaita también!) bajo un sol espléndido, retomar el gusto por aprender a bailar salsa.
Y, todo hay que decirlo, el temario de mi examen del viernes, el último y definitivo, está casi acabado.

OUYEAH!
Y es que es cierto eso que dicen de que querer es poder. Poder estudiar y querer hacer muchas cosas es compatible. Porque a veces se quiere estudiar pero se necesita hacer algo allén de los mar... apuntes (el subconsciente me traiciona demasiado, quiero horizontes abiertos!).
Como disfrutar de un tenue sol arrojado con fuerza sobre las mejillas por un viento gélido cruzando el bosque en bici, dejar que un libro te alicate el corazón con cada palabra, reencontrarse con las ganas de cocinar para ti y para otros, sentarme por primera vez frente al televisión de mi salón y ver Matrix, un peliculón de la infancia, en alemán y comentar a un Keanu Reeves más impasible que nunca, "echar de menos" a Cifra al día siguiente con Matrix Reloaded, una barbacoa con carne, salmón, piña y cebolla caramelizada, nadar 2 km y sentirme nueva, echar unos tiros a basket hasta acabar con un dedo azul, un brunch de Pascua que probó el límite de mi estómago, celebrar la Pasquetta con la clásica Colomba a falta del Roscón, limpiar la casa al ritmo de la música, leer/escribir desde el sofá con la luz del amanecer entrando con fuerza en mi salón limpito, saciar un antojo de tortilla y pan tumaca, aprender a hacer pizza, que el no entender el alemán bien nos lleve a entrar gratis en una fiesta, estudiar en el Herrngarten a golpe de guitarra y de gaita (sí, de gaita también!) bajo un sol espléndido, retomar el gusto por aprender a bailar salsa.
Y, todo hay que decirlo, el temario de mi examen del viernes, el último y definitivo, está casi acabado.
OUYEAH!
viernes, 2 de abril de 2010
Dritten Semester
Y uno, dos y tres. Ya estamos en el tercero, ya se acerca el final.
¿Que qué viene después del tres? Eso también me gustaría saber a mí. Pero puede que de vez en cuando no venga mal un poco de incertidumbre. Tengo que reconocer que tenía mi vida demasiado planeada y ahora que se han soltado algunos cabos llega la angustia de tener que decidir tu futuro de nuevo. O no... veamos qué me depara el destino. Cada tanto hay que dejar algunas puertas abiertas a la magia del azar. En tres palabras: Magia. Azar. Destino.
Pero hablábamos del tercer semestre. Creo que podría resumirlo también en pocas palabras.
Nieve.
Estudio.
Despedidas.
Momentos.
Reencuentro.
Las dos primeras no requieren demasiada explicación, resumen un maravilloso Darmstadt completamente nevado y los exámenes aprobados que anuncian el fin de una era.
Las despedidas son la única mancha borrosa dentro de la imperturbable serenidad Erasmus. Gente que se va, gente con la que condividiva cenas, fiestas, cafés, backgammon, momentos...
De entre todos ellos, Aline, alguien con quien desnudaba mi alma frente a una taza de té, alguien que me ayudó a redescubrir mi sonrisa con cada pequeño detalle y me convenció de que lo mejor aún está por llegar. Te lo he dicho ya mil veces pero te lo digo de nuevo... gracias! Cada día co
mpruebo la temperatura en igoogle para ver cuándo me podré poner finalmente el vestido:)
A veces parece increíble como un puñado de meses te hacen vivir tan apasionadamente, tan intensamente, agarrando la esencia de cada minuto con fuerza entre las manos.
Momentos como el carnaval en Köln y en Meinz, de cortinas y flores, un giorno en el cual después de comerme toda la nieve de la montaña, aprendí a esquiar, fiestas temáticas, intentar bailar funk imitando las mejores caderas brasileiras, cumpleaños, cenas de WG, happy hour del Ratskeller, cocinar con sal del Himalaya, trazar con colores planes de un viaje junto a una dunkel, un tour de force por un soleado Paris más encantador que nunca, una serata de Shisha, la pausa del café, aprender a hacer mojitos, feijoadas, sobrevivir al waterpolo, una canción, un grill mit deutsch sprechen, óperas en Darmstadt y Frankfurt, cubrir la no escasa superficie de mi mejilla con un shamrock el 17 de Abril, sobremesas de
dardos, estudio en el Schloss con aperitivo en el Ratskeller, un remember de girls dinner, un té por skype, schnäpsen en la A5, conocer Hamburg y cada bar a marchas forzadas, volver del proyecto y relajarme cada vez con un té diferente en el 6A-82, un día de deporte improvisado, ir en bici con un sol radiante, las flores que comienzan a crecer en el sendero que cruza Karlshof, organ
izar un grill y descubrir cuando esta todo listo que se han llevado tu carbón y barbacoa (y aún no ha aparecido...), tomar un helado en una terraza con sol y con la mantita sobre las rodillas, una rubia que te hace compañía, nadar hasta adormecer la mente inquieta, cenas multiculturales donde todos cocinan un poco, las últimas luces del ocaso que doraban los chorros de agua relajantes del Jugendstillbad.
Reencuentro.
Conmigo misma, con los libros, con el blog, con amigos, con nuevos proyectos, con mi sonrisa.
La felicidad es el anhelo por la repetición.
Y es que no dudaría en repetir todos y cada uno de esos recuerdos felices. Como tampoco inventar nuevas ocasiones donde ser feliz.
Y siguiendo ese reencuentro con la felicidad, repito palabras más de una vez repetidas. He aquí la gran verdad de la literatura, pues dicen que literatura consiste tan sólo en escribir algo que, una vez escrito, será leído más de una vez.
¿Que qué viene después del tres? Eso también me gustaría saber a mí. Pero puede que de vez en cuando no venga mal un poco de incertidumbre. Tengo que reconocer que tenía mi vida demasiado planeada y ahora que se han soltado algunos cabos llega la angustia de tener que decidir tu futuro de nuevo. O no... veamos qué me depara el destino. Cada tanto hay que dejar algunas puertas abiertas a la magia del azar. En tres palabras: Magia. Azar. Destino.
Pero hablábamos del tercer semestre. Creo que podría resumirlo también en pocas palabras.
Nieve.
Estudio.
Despedidas.
Momentos.
Reencuentro.
Las dos primeras no requieren demasiada explicación, resumen un maravilloso Darmstadt completamente nevado y los exámenes aprobados que anuncian el fin de una era.
De entre todos ellos, Aline, alguien con quien desnudaba mi alma frente a una taza de té, alguien que me ayudó a redescubrir mi sonrisa con cada pequeño detalle y me convenció de que lo mejor aún está por llegar. Te lo he dicho ya mil veces pero te lo digo de nuevo... gracias! Cada día co
A veces parece increíble como un puñado de meses te hacen vivir tan apasionadamente, tan intensamente, agarrando la esencia de cada minuto con fuerza entre las manos.
Momentos como el carnaval en Köln y en Meinz, de cortinas y flores, un giorno en el cual después de comerme toda la nieve de la montaña, aprendí a esquiar, fiestas temáticas, intentar bailar funk imitando las mejores caderas brasileiras, cumpleaños, cenas de WG, happy hour del Ratskeller, cocinar con sal del Himalaya, trazar con colores planes de un viaje junto a una dunkel, un tour de force por un soleado Paris más encantador que nunca, una serata de Shisha, la pausa del café, aprender a hacer mojitos, feijoadas, sobrevivir al waterpolo, una canción, un grill mit deutsch sprechen, óperas en Darmstadt y Frankfurt, cubrir la no escasa superficie de mi mejilla con un shamrock el 17 de Abril, sobremesas de
Reencuentro.
Conmigo misma, con los libros, con el blog, con amigos, con nuevos proyectos, con mi sonrisa.
La felicidad es el anhelo por la repetición.
Y es que no dudaría en repetir todos y cada uno de esos recuerdos felices. Como tampoco inventar nuevas ocasiones donde ser feliz.
Y siguiendo ese reencuentro con la felicidad, repito palabras más de una vez repetidas. He aquí la gran verdad de la literatura, pues dicen que literatura consiste tan sólo en escribir algo que, una vez escrito, será leído más de una vez.
“Quizá fuese porque yo había cambiado. Acaso la virtud me abandonó. Tal vez en aquel instante yo hubiera sanado al enfermo o vuelto la vida al moribundo. Convencerse a sí mismo es dudar. La duda y la incertidumbre son consustanciales al hombre. Mas yo no dudaba; me hallaba en una región angélica. Había vuelto la espalda a mi libertad para dejarme apresar por los grilletes del tiempo y del espacio. Y ahora mi esclavitud no era una carga sino un don.”
El ángel sombrío, M. Waltari.
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