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viernes, 30 de abril de 2010

Rinascenza

Creo que nunca se es demasiado joven ni demasiado mayor para renacer. Como que nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde. Somos nosotros y los estímulos que nos impulsan cada día los que decidimos el momento justo de hacer las cosas. Es nuestro corazón el que le guiña un ojo a la cabeza para decirle "allá vamos, no pienses más!".

Y es que, a veces, pensar es malo, pues te impide ver todo lo que tienes delante, te hace olvidar la intrínseca poesía que perfila el momento más intranscendental, haciéndolo único e irrepetible.

Yo quiero de vuelta esa poesía, ese sentimiento de plenitud que me recorre cuando siento el murmullo del mar a mis espaldas, con el fragmento de una canción, un libro, o ambos, que hacen vibrar cada átomo de mi ser, con la fantasiosa realización de un proyecto, una aventura, con la muda contemplación de las últimas gotas que caen, silenciosas, de un portal tras un chaparrón, ese renacer del arco iris tras una tumultuosa cortina de lluvia...

Por qué cuándo lo tenemos todo nos empeñamos en torturarnos con la única cosa que no tenemos? Por qué no ser feliz con la bolsa de las 99 monedas de oro sin pensar en conseguir a toda costa la centésima? Más importante que la búsqueda de un anhelo es saber reconocer cuándo se halla ante nosotros. Y saber esperarlo.

Porque, quién sabe lo que nos depara el destino, cuánto tiempo más hemos sido obsequiados con este preciado don que a veces no sabemos aprovechar y luego lamentamos haberlo perdido... Y, sobre todo, qué poco cuesta saludar al día con una sonrisa!

Gracias a todos los que, desde lejos y desde cerca, me habéis traído de vuelta y, sobre todo, me habéis recordado que fui, soy y seguiré siendo un espíritu libre!


Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú. Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.

Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar. Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.


Y es que sólo nosotros mismos y nadie más tiene el mágico poder de hacer que la vida sea maravillosa, así pues, a qué estamos esperando? ;)

1 comentario:

Unknown dijo...

Me alegro que hayas resurgido de tus cenizas como el gato Félix, y de que vuelvas a sonreir al mundo como siempre :)