Por fin una especie de sueño, una ilusión que no se pudo realizar el año pasado cumplida.
16 personas: 12 españoles, 3 portugueses y un brasileño.
Unas ganas increíbles de comernos (y bebernos) Polonia. Ni lluvia ni sol ni falta de horas de sueño pudieron con nosotros.
Siempre al pie del cañón, lo dimos todo.
Como la visita por Wroclaw recién llegados a golpe de lluvia y viento, luchando por sacar fotos sin salir volando con el paraguas despues de pasar la noche en Hahn, tratar de dormir en el tren hacia Krakow con una decena de espanoles montándola en el vagon y el riesgo a salir en fotos con la boca abierta, cenas y comidas en las terrazas de la plaza mayor de Krakow, una visita a Ausswichtz que nos puso a todos los pelos de punta, cañas y turismo por los alrededores del castillo, hacer que polakis, rupias, peniques, slovakis, chelines, stundes sonasen todos a
slotis, abrir un vagon reservado en el tren, que venga el revisor a gritarnos en polaco pero mantenernos en nuestro sitio con una sonrisa, abrazar a un hombre chuletón por la calle, cantar canciones mas viejas que el sol a la luz de la luna desafiando a que lloviera de nuevo, pasear por calles de edificios desvencijados y mágicos, infinitas versiones del chiste del pavo, hacer turismo a las 7 am y descubrir que aun hay cosas por ver, no separarnos ni un momento, dormir en el hostal 16 personas con reserva para 13 aprovechándonos de un conserje que llevaba treinta horas sin dormir, atardecer en los alrededores del castillo de Krakow, una cabalgata de dragones en la plaza principal, ver amanecer desde la ventana de una casa-discoteca con un temazo de fondo, hacer el check-out en pijama, entregar la llave de la habitacion y despues ducharse, unas minas de sal impresionantes y sobrecogedoras, risas y sonrisas, y esta gran foto de grupo en el amanecer de Wroclaw después de salir de un bar de camino al aeropuerto para grabar el viaje en nuestros recuerdos.