El pasado sábado volaba de nuevo hacia Madrid. Era la misma ruta que he repetido por lo menos cinco veces a lo largo del año, pero esta vez algo había cambiado. Me fui sabiendo que cuando volviera iba a ser todo diferente (o casi todo, pues cuento con seguir luchando por todos esos planes insieme).
Y se acabaron las "girls dinner", donde chapurreando turco y español compartíamos en inglés nuestras inquietudes, sueños y anhelos antes, después y durante una comida deliciosa. O las cenas multitudinarias multiculturales políglotas donde improvisar platos con las pequeñas aportaciones que había traído cada uno y de dónde descubrimos que freír champiñones y manzanas en una sartén para luego rellenar un pimiento y fundirle queso en el horno está muy pero que muy rico, y sin embargo echarle Ingwer (en español, jenjibre) a una salsa como si fuera orégano no está tan bueno. También es cierto que dejar a Josè en la cucina es arriesgado, pero casi siempre merece la pena.
Se acabó el ir por la ciudad y por la universidad saludando a gente, conocer a mis vecinos, quedar con gente para comer en la mensa, el café de sobremesa, la cerveza en el Ratskeller, las interminables fiestas de despedida o de cualquier cosa, el erasmus Montag... o al menos se acabó durante un tiempo, espero seguir making friends ;)
Y se acabó mi 8A 43. No sé si volveré a ver a mis mitbewohners Legolas, el Padre o la Fantasma. No creo que los eche de menos.
Ahora es 6A 81, curiosamente el primer piso que pisé en Karlshof el primer día que llegué... pues sí que es caprichoso el destino.
Darmstadt
genau!!
lunes, 24 de agosto de 2009
lunes, 17 de agosto de 2009
Spa, tiramisù y una mesa colgante
Toda una vida (y ya llevo unos cuantos años pesando sobre mis hombros) con ganas de ir a un Spa y olvidarme del mundo bajo un potente chorro de agua cayendo con fuerza sobre mi espalda.
Un pequeño logro que por fin pude tachar de mi lista mental de sencillos placeres el pasado sábado. Sólo me queda saltar una catarata, ver caer estrellas fugaces, hacer una ruta a la aventura en bici por los Balcanes (plan provisional para el próximo verano sin exámenes si encuentro algún loco/a que me acompañe), desayunar con Spätlase, probar el dulce de leche en su entorno, brindar a noi en el desierto del Gobi y bajo el Monte Denali, e ir al cine en Alemania (a ver algo en alemán).
Nada de particular, lo típico, vaya.

Y es que después de pasarme todo el año buscando el momento de ir al Jugenstilbad, decidimos Nurhan y yo, a falta de una semana de irnos, fijar un día, una hora, un objetivo: charlar de nuestras cosas pero en lugar de junto a una taza de té, bajo el agua.
Gran elección.
Agua dulce, agua salada, agua fría, agua caliente. Sumergir la cabeza y escuchar una música que te transportaba a una paraíso lejano, fijar la vista en los puntitos de luz que imitaban estrellas del techo. Dejarte estremecer el cuerpo sobre los chorros del agua y bajo el calor del sol.
Ha sido de esas primeras v
eces que te hacen repetir... siempre que se pueda. Queda pendiente ir juntas al Haman, ya está apalabrado, pero eso tendrá que esperar al año que viene cuando vaya a visitar a Nur a Istanbul.
Y continuando con la tradición culinaria que estaba abandonando últimamente, seguimos con el aprendizaje de un nuevo postre, grazie a Marco, del que, todo hay que decirlo, y hay mucha gente que puede corroborarlo, parece que tengo buena mano: el tiramisù. Ya podéis ir pidiendo por esa boquita aquellos desconfiados de mi arte y/o golosos...
Y una cena de las que hacía tiempo no disfrutábamos, todos juntos en la terraza, con una mesa colgando del pasillo bajo las estrellas, gente que decide cocinar una lasagna, gente que se apunta a última hora, más platos que se improvisan para llenar todos los estómagos que haga falta, champagne francés para la ocasión, cervezas y vino para la comida, y todo suspendido en el aire fresco de la noche sobre el incredibile cuarto piso del 8A.
Un pequeño logro que por fin pude tachar de mi lista mental de sencillos placeres el pasado sábado. Sólo me queda saltar una catarata, ver caer estrellas fugaces, hacer una ruta a la aventura en bici por los Balcanes (plan provisional para el próximo verano sin exámenes si encuentro algún loco/a que me acompañe), desayunar con Spätlase, probar el dulce de leche en su entorno, brindar a noi en el desierto del Gobi y bajo el Monte Denali, e ir al cine en Alemania (a ver algo en alemán).
Nada de particular, lo típico, vaya.

Y es que después de pasarme todo el año buscando el momento de ir al Jugenstilbad, decidimos Nurhan y yo, a falta de una semana de irnos, fijar un día, una hora, un objetivo: charlar de nuestras cosas pero en lugar de junto a una taza de té, bajo el agua.
Gran elección.
Agua dulce, agua salada, agua fría, agua caliente. Sumergir la cabeza y escuchar una música que te transportaba a una paraíso lejano, fijar la vista en los puntitos de luz que imitaban estrellas del techo. Dejarte estremecer el cuerpo sobre los chorros del agua y bajo el calor del sol.
Ha sido de esas primeras v
Y continuando con la tradición culinaria que estaba abandonando últimamente, seguimos con el aprendizaje de un nuevo postre, grazie a Marco, del que, todo hay que decirlo, y hay mucha gente que puede corroborarlo, parece que tengo buena mano: el tiramisù. Ya podéis ir pidiendo por esa boquita aquellos desconfiados de mi arte y/o golosos...
Y una cena de las que hacía tiempo no disfrutábamos, todos juntos en la terraza, con una mesa colgando del pasillo bajo las estrellas, gente que decide cocinar una lasagna, gente que se apunta a última hora, más platos que se improvisan para llenar todos los estómagos que haga falta, champagne francés para la ocasión, cervezas y vino para la comida, y todo suspendido en el aire fresco de la noche sobre el incredibile cuarto piso del 8A.
domingo, 9 de agosto de 2009
¡Fuera obras!
Dos cosas han cambiado totalmente desde la primera vez que llegué aquí.
La primera, el buen tiempo y que amanece con 20º a las 8.30 am, un calor húmedo pero calor al fin y al cabo. Y la segunda, y más sobresaliente, es la ausencia, poco a poco, de todo rastro de obras.
El 10A-B reluce tras una capa de pintura azul y el 10C ha aparecido con un tono burdeos, que junto con el verde del 8A-B-C y el rojo oscuro del 6/6A dan una atmósfera jovial y alegre a todo el Karlshof.
Sólo faltan que desaparezcan las vallas de metal y que recojan todos los escombros y cascotes de la obra. De momento ha aparecido un Bier Garten, un parquecillo para familias y lo que al parecer era un bar/sala de fiestas. Nada de eso está abierto todavía, pero al menos asoma la cabeza.
Parece que los erasmus del próximo año van a ser muy, muy afortunados. Y aquellos que nos quedaremos otro año para verlo, también.
La primera, el buen tiempo y que amanece con 20º a las 8.30 am, un calor húmedo pero calor al fin y al cabo. Y la segunda, y más sobresaliente, es la ausencia, poco a poco, de todo rastro de obras.
El 10A-B reluce tras una capa de pintura azul y el 10C ha aparecido con un tono burdeos, que junto con el verde del 8A-B-C y el rojo oscuro del 6/6A dan una atmósfera jovial y alegre a todo el Karlshof.
Sólo faltan que desaparezcan las vallas de metal y que recojan todos los escombros y cascotes de la obra. De momento ha aparecido un Bier Garten, un parquecillo para familias y lo que al parecer era un bar/sala de fiestas. Nada de eso está abierto todavía, pero al menos asoma la cabeza.
Parece que los erasmus del próximo año van a ser muy, muy afortunados. Y aquellos que nos quedaremos otro año para verlo, también.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)