Darmstadt

Darmstadt
genau!!

domingo, 21 de junio de 2009

Morriña

Esta mañana me he cruzado con el mítico bus de Alsa Galicia-Castilla y León-Madrid que tantas veces me ha llevado y me ha traído de vuelta a casa.

Eran las 10 am y aún no habíamos superado los más de 20º grados a la sombra. Soplaba una brisa suave pero enérgica, fresca, y si no fuera porque adolecía del penetrante olor a brea podría haber cerrado los ojos e imaginar que paseaba por el puerto de Coruña...

Estoy al comienzo del campus universitario y los primeros metros de la A-6, la carretera de Coruña. Y ese letrero azul con forma de flecha, bien grande, que dice "A CORUÑA". Y la infinidad de coches que lo cruzan, las ganas de estar en uno de ellos y 5 horas más tarde poder pisar la arena pedregosa de Riazor y sentir cómo se estremecen los pies cuando te roza su agua cristalinamente helada.

El mar... su recuerdo me llena de morriña. Sobre todo el hecho de poder ver un horizonte sin fin en lugar de calles y edificios inexpugnables.


El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?

¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

Si para Alberti fue su padre, en mi caso me alejé yo sola... La universidad, unas ganas inmesurables de comerme el mundo.

Pero es bien cierto que volveré... algún día.

jueves, 18 de junio de 2009

Di ritorno... momentaneo

Vuelta a Madrid, vuelta a la vida real.

A la rutina de universidad, de buses, caos y cuestas.

Y es que, después de casi 9 meses en Alemania con interrupción de dos semanas aisladas, medio mes de retorno es tiempo considerable. Y pisar las mismas calles de siempre, quedar donde siempre y tomar algo donde siempre. Pero todo de una manera diferente.

Parece que el año de Erasmus fue un sueño, algo irreal. Todas las vivencias se me antojan lejanas. Aquí no hay fiestas culturales (probar el limoncello forma parte de la formación personal de cada uno, natürlich!), ni Erasmus Montag, ni cenas/barbacoas/viajes improvisados. Aquí todo sigue un orden, un cauce inmutable.

Camino por las calles y me imagino que todo se ha acabado, que ya no vuelvo a Darmstadt, y se me hace un nudo en la garganta. Pienso en qué habría pasado sino me hubiera ido... no, no lo pienso mucho, no tiene sentido.

Pero a veces está bien volver y ver que, aunque algo importante haya cambiado, lo esencial siga intacto. Como que te dejen invadir un salón dos semanas y que pidas moje manchego y te lo concedan a la primera, que te cuiden la carta de pago y a napolitanas, la sonrisa de la gente que te encuentra por la calle, conocer a gente en la biblioteca, las llamadas nacionales e internacionales, un libro en castellano con que aumentar mi gula sin necesidad de diccionario, las cañas con raciones y recordar el sabor de boquerones y cazón...

"El hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad estás viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar al pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido."
El libro de los amores ridículos, M. Kundera

martes, 16 de junio de 2009

Ein schönes Tag

Llega el segundo semestre, y, al igual que en la universidad, el calendario festivo también se actualiza. Primero la spañische, inigualable, a la que le sigue la italienische y se finaliza con la französische. Todas ellas trufadas con alguna que otra fiesta en algún club entremedias.

Esta vez, la Italienische Party fue algo especial, fue un día completo. Primero, un desayuno en muy buena compañía con tostadas de colores semicrujientes que ya echaba de menos y un par de películas, tiempo que se escapa, vuelta por el centro, comer pasta con italianos cocinada por el mejor de ellos, biblioteca, entregar un regalo de no cumpleaños bien merecido, ponerme un bonito vestido que tengo que agradecer a las compras de mi mamá cuando vino de visita, barbacoa turca del cumpleaños de Isil a la hora de la cena y a medianoche llegada a la fiesta.

Y el verano ya llegó a Darmstadt. Y bajo un sol tenue pero cálido decidimos las chicas ponernos vestido, juntarnos para hablar, reír, esperando en la terraza a que los chicos pusieran la barbacoa en funcionamiento.

Y disfrutar de la reunión turco-española. E hincharnos a comer mil y un platos típicos de Turquía con Adana Kebab hecho in situ. Y hablar, sacar mil estúpidas fotos sin sentido para nadie excepto nosotras, charlar en inglés, chapurrear turco y escuchar chapurrear el dulce español de Nurhan que dice un "la virggggggen" del que Marina estaría muy orgullosa. Y pasarlo tan bien que no puedes evitar en pensar en el año que viene, en qué será de nosotras, en lo bien que estamos juntas y, sobre todo, en lo que nos vamos a echar de menos.

Pero aún es pronto para pensar en ello, y, tras tanta emotividad, nos encaminamos a la fiesta, donde nos esperaban unos pizzeros la mar de apañaos, accoglienti, generosi con il limoncello, sorridenti...

Y finalizar la noche danzando insieme, una canción especial, que dice que noi, gente che spera, cercando qualcosa di più, in fondo alla sera la sera la sera... noi, gente che passssssa e che va, cercando la felicità sopra sta terra sta terra sta terra...

Igual yo creo de haber encontrado la felicidad, por lo menos soy feliz escribiendo este post. Y, sobre todo, aprendiendo idiomas... ¿para cuándo una fiesta alemana que me motive? ;)

lunes, 8 de junio de 2009

Principio y final

No sé si alguna vez hablé aquí de mi primer día en Darmstadt.

Miércoles 1 de octubre de 2008.

Fue un día de mierda, lo recuerdo perfectamente. Dos horas de retraso por tráfico aéreo en Frankfurt en un día de lluvia, oscuro y frío, en el que fui corriendo a todas partes en una ciudad desconocida... Dejamos todo el equipaje en la estación, pedimos un mapa en la oficina de Información y Turismo y nos apresuramos a encontrar el Studentenwerk antes de las tres para firmar el contrato de la casa. Resulta que los miércoles, está cerrado. A pesar de su cara de asco cuando nos vieron a Javi y a mí entrar, les debimos de dar tanta pena con nuestras caritas de desesperación que hicieron el esfuerzo de buscar nuestros nombres y darnos los papeles que necesitábamos para conseguir la llave.

De ahí, vuelta corriendo al Meeting erasmus y la asignación de tutores que nos estábamos perdiendo. Llegamos cuando estaba acabando, claro está. Al menos alcanzamos a comer un mítico bretzel y a tomar un poco de zumo, saludar los dos primeros españoles que te encuentras por el camino y después corriendo de nuevo con el recién encontrado tutor a buscar al Hausmeister y tener techo donde dormir esa noche.

La llegada a Karlshof fue lo más desolador de ese día. El camino, de tierra enfangado, y sólo alcancé a ver los dos primeros edificios totalmente cubiertos por andamios, un recinto vacío, inhóspito y totalmente diferente a lo que venía acostumbrada de Madrid... Al encargado no lo encontramos, pero un subalterno se fió de nosotros y de nuestros contratos y nos abrió la oficina con todas las llaves, todas menos la mía...

Recuerdo el camino de vuelta a la estación para traer el equipaje. Eran alrededor de las cinco de la tarde y casi de noche. Lluvia que caía de un cielo plomizo. Me recuerdo diciéndole a Javi con la voz quebrada: ¿y aquí vamos a tener que estar dos años? Y Javi: Rosa, por favor, no me recuerdes ahora eso...

Tras dejar las cosas en casa de Javi nos quedamos un rato viendo caer la lluvia, pensando qué cenar y sin ninguna idea de dónde habría un supermercado ni ganas de ir a buscarlo. Luego un mensaje de Dani, que estaba con María frente al 10C, el primer edificio con andamios, para ir a comprar a un supermercado que estaba más o menos cerca, el ahora ya mítico Penny y nos reunimos bajo el 10B, el segundo edificio con andamios, a charlar un rato, esperando que amainara. Recuerdo que estábamos desubicados, desorientados, solos y con frío. Y entonces llegó ella.

Es una de esas escenas que se graban en tu memoria. Recuerdo incluso tu ropa, Silvia. Una chaqueta morada larga y las pseudoconvers del Arena que hoy te he visto tirar. Cada vez que pienso en nuestra charla creo que tuviste que reírte muchísimo de nosotros y de nuestras miles de preguntas, cada cual más absurda. Recuerdo lo mucho que nos alivió escucharte, tu voz tranquila y pausada contestando nuestras dudas atosigantes, tus consejos, tu optimismo, todo lo bueno de Karlshof y Darmstadt que en esos momentos éramos incapaces de ver. Y la lluvia que seguía cayendo, implacable. Entonces, aparecieron Josè y Marion, que venían de correr totalmente empapados y se quedaron un ratejo a saludar. Y así salió lo de "Él también hace la doble titulación de teleco, si tenéis cualquier duda con el máster, preguntarle, es muy majo, seguro que os ayuda sin problema". Y sí, dos semana más tarde tuvimos un lío impresionante con el máster y las asignaturas, y tenías razón, Josè nos ayudó encantado y más tarde nacía una amistad, aunque esa es otra historia.

Hablando bajo los andamios se hizo muy tarde, hacía frío y la lluvia no cesaba. No recuerdo muy bien cómo pero, el caso es que, esa noche, acabé en tu casa. En tu cuarto, hablando, escribiendo un mail a mis padres, descubriendo cosas, animándome más con cada cosa que me decías, despreocupándome por mi llave que seguro que aparecería mañana, segura de que acabaría en el edificio 6 u 8, lejos de los andamios que tanto me habían asustado al principio. La cena, con Alexia, Ana, Jordi, Leire que estaba de visita, fue sencilla pero alentadora. No te puedes imaginar lo bien que me hiciste sentir esa noche... Y dormir, porque gracias a tu colchón y una almohada mi espalda descansó mucho mejor esa noche.

Al día siguiente salió el sol. Me levanté temprano por los nervios y fui a por mi llave, la habían encontrado. Edificio 8, de color verde esperanza.

Hoy también ha hecho un día precioso. Luminoso desde las 7.30 am. Y también me levanté temprano pero para tomarme un batido contigo (a falta de poder tomarme algo más, ¡qué hambre me daban vuestras tostadas!). Y llegamos forzando al aeropuerto, con atasco para que no sufrieras de nuevo la velocidad de Josè en la autopista...

Y a estas horas estarás en casa ya, comiendo comida de mamá... Yo aún no me he preparado otro superbatido, no tengo ganas. Me siento rara, una mezcla entre triste y nostálgica, sin hambre... Si te he echado de menos estos meses que andabas liada con el proyecto y la vida en general, imagínate lo que te voy a echar de menos ahora... ¿Quién me va a cuidar ahora? El café en el 603 donde ponernos al día ya no será lo mismo, tendré que buscarme a alguien nuevo a quien darle la chapa... Aunque procuraré mantener el tobillo sano para cuando vuelvas y jugar de verdad al baloncesto, y no dejar de recordarte todas las fiestas que me debes...


Eres de las personas más buenas y dulces que conozco. Y que saben escuchar el torbellino de palabras que sale de mi boca. Sólo siento que los momentos compartidos fueron cortos y se me escaparon de las manos. Pero el tiempo que tenemos por delante es suficientemente largo como para que no tengamos que preocuparnos por el pasado. No importa dónde, Pamplona, Madrid, Coruña, Darmstadt, tu ciudad perdida de la India o la ciudad dónde acabaré yo, creo en una amistad que no conoce fronteras, y en unas avanzadas comunicaciones que tenemos la suerte de estudiar y que ayudan a sentirse cerca a pesar de estar lejos.
Gracias por todo. Aunque ya te estoy echando de menos...

Pienso en ese primer día y en la ilusión que me hace ahora mismo quedarme otro año aquí, y comparo ese cambio de mentalidad. El erasmus no lo hace el sitio, aunque bien es cierto que influye mucho, el erasmus es la gente, el día a día especial que forjas con cada una de esas personas... Aunque no sé qué será de mí el año que viene sin todos vosotros que os iréis escabullendo de aquí a cuentagotas, supongo que tengo confianza en la gente que está por llegar... y en vuestras visitas venideras.

Silvia, a ti la primera te digo: ¡hasta pronto!

miércoles, 3 de junio de 2009

¿Qué comemos hoy? Batido de...

Batido de fresas con plátano.
Batido de espinacas, zanahorias, patatas y nuez moscada.
Batido de espárragos con crème fraîche.
Batido de pollo con zanahorias (el más rico de los no afrutados con diferencia).

Y este viernes tengo un par de invitaciones a dos barbacoas, una en el tercer piso y otra en el octavo del 6A, será el momento de idear un batido de chuletón a la parrilla con ajillos tiernos, a ver cómo sale... De momento, bebo más leche que un bebé, a ver si, ya puestos, crezco.

Y del dolor que tengo en la boca ya ni os hablo. Sólo decir que no se lo deseo ni a ciertos tipejos del MAT (departamento de matemática aplicada de la ETSIT) que tan p... mal nos las hizo pasar en exámenes, revisiones, y con el ECO.

Primero el pie, del cual hoy me han dado el alta, yujuuuuu! Y ahora esto... Ayer estaba convencida de que el Karma me odiaba, fue un día duro y sólo pensaba en lo que daría por estar en casa y dejar que me cuidara mi mamá... Pero hoy he estado reflexionando un poco, en parte por mí, en parte porque el médico ha dicho que es muy importante que me relaje y me anime que el estado anímico influye mucho, y he llegado a la conclusión de que tampoco estoy tan mal.

Este año han pasado muchas cosas que no apetece recordar, pero muchas, muchísimas otras, que recordaré siempre. Como no estar dentro de esas mille donne e ir en brazos hasta un parque al fondo de una cuesta, hacer un picnic improvisado y comer mientras dos excursiones de chicos y de ancianos les da por reunirse justo enfrente de nosotros, cenar a medianoche, bailar ska a la pata coja, estambul y berlín, dejarme llenar de plantas mi casa, probar todas las mermeladas del supermercado a la vez, ver películas con segundas y terceras partes, y, sobre todo, perder el tiempo de una manera tan magníficamente perfecta que más que sentir cómo se escapan los minutos, ves volar las horas, y a veces las tardes, y, aunque te arrepientas por un momento de cómo has perdido el día sin enterarte, sabes perfectamente que si volvieras atrás habrías hecho exactamente lo mismo, sin cambiarlo ni un ápice.



Cómo diría mi buen y sabio amigo Pablo: no hay nada más fácil que permanecer revolviéndose en la inmundicia. Lo grande, lo realmente importante, es hacerle frente y buscar siempre el lado positivo de las cosas, aunque a veces sea sólo un rayo de sol en tu ventana.

Decía Sartre: Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace.
Et voilà!
Puede que yo quiera comerme un asado pero no pueda hacerlo, sin embargo, cada vez que quiero tomar un batido de frutas, echo los pedacitos en la licuadora, muuuuucha leche, le pongo la pajita y me preparo para disfrutarlo, ¡a la vez que como algo, claro!