Ha sido la semana santa más corta de los años que llevo vividos, con pseudovacaciones de viernes a lunes (ambos incluidos) y paradójicamente, una de las mejor aprovechadas.
Y es que es cierto eso que dicen de que querer es poder. Poder estudiar y querer hacer muchas cosas es compatible. Porque a veces se quiere estudiar pero se necesita hacer algo allén de los mar... apuntes (el subconsciente me traiciona demasiado, quiero horizontes abiertos!).
Como disfrutar de un tenue sol arrojado con fuerza sobre las mejillas por un viento gélido cruzando el bosque en bici, dejar que un libro te alicate el corazón con cada palabra, reencontrarse con las ganas de cocinar para ti y para otros, sentarme por primera vez frente al televisión de mi salón y ver Matrix, un peliculón de la infancia, en alemán y comentar a un Keanu Reeves más impasible que nunca, "echar de menos" a Cifra al día siguiente con Matrix Reloaded, una barbacoa con carne, salmón, piña y cebolla caramelizada, nadar 2 km y sentirme nueva, echar unos tiros a basket hasta acabar con un dedo azul, un brunch de Pascua que probó el límite de mi estómago, celebrar la Pasquetta con la clásica Colomba a falta del Roscón, limpiar la casa al ritmo de la música, leer/escribir desde el sofá con la luz del amanecer entrando con fuerza en mi salón limpito, saciar un antojo de tortilla y pan tumaca, aprender a hacer pizza, que el no entender el alemán bien nos lleve a entrar gratis en una fiesta, estudiar en el Herrngarten a golpe de guitarra y de gaita (sí, de gaita también!) bajo un sol espléndido, retomar el gusto por aprender a bailar salsa.
Y, todo hay que decirlo, el temario de mi examen del viernes, el último y definitivo, está casi acabado.

OUYEAH!
Y es que es cierto eso que dicen de que querer es poder. Poder estudiar y querer hacer muchas cosas es compatible. Porque a veces se quiere estudiar pero se necesita hacer algo allén de los mar... apuntes (el subconsciente me traiciona demasiado, quiero horizontes abiertos!).
Como disfrutar de un tenue sol arrojado con fuerza sobre las mejillas por un viento gélido cruzando el bosque en bici, dejar que un libro te alicate el corazón con cada palabra, reencontrarse con las ganas de cocinar para ti y para otros, sentarme por primera vez frente al televisión de mi salón y ver Matrix, un peliculón de la infancia, en alemán y comentar a un Keanu Reeves más impasible que nunca, "echar de menos" a Cifra al día siguiente con Matrix Reloaded, una barbacoa con carne, salmón, piña y cebolla caramelizada, nadar 2 km y sentirme nueva, echar unos tiros a basket hasta acabar con un dedo azul, un brunch de Pascua que probó el límite de mi estómago, celebrar la Pasquetta con la clásica Colomba a falta del Roscón, limpiar la casa al ritmo de la música, leer/escribir desde el sofá con la luz del amanecer entrando con fuerza en mi salón limpito, saciar un antojo de tortilla y pan tumaca, aprender a hacer pizza, que el no entender el alemán bien nos lleve a entrar gratis en una fiesta, estudiar en el Herrngarten a golpe de guitarra y de gaita (sí, de gaita también!) bajo un sol espléndido, retomar el gusto por aprender a bailar salsa.
Y, todo hay que decirlo, el temario de mi examen del viernes, el último y definitivo, está casi acabado.
OUYEAH!
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