Desde que veo los primeros y débiles rayos aflorar por la ventana ya siento que, independientemente de lo que todavía quede por pasar, va a ser un gran día.
Y abres el mail con ilusión y expectativa de miles de ofertas de empleo. Y cruzas el sendero boscoso de entrada a Karlshof con una sonrisa. Y tienes ganas de hacer mil cosas. Y las haces.
Y encuentras respuestas, nuevas metas, nuevos objetivos. Y te inspiras a escribir estas y muchas más líneas. Y disfrutar de los pequeños placeres del día a día, de cocinar en compañía, de no cansarte de escuchar mil veces la misma melodía, del atardecer rojo ígneo desde Matildenhöhe, de... de ser sencillamente feliz.
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