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jueves, 29 de julio de 2010

Verde, Guiness, acantilados y un cielo encapotado

Una isla, un Ford demasiado azulado, una semana, seis CDs, tres mosqueteros, una rosa verde y una rubia atrevida.


Podría resumirlo todo en esos conceptos, pero haré un esfuerzo y dejaré unas cuantas palabras para la posteridad de este viaje. Para su eterno recuerdo.

No era Viena, ni Bratislava, ni Budapest. Era Cork, Dublin, Belfast, Galway y Killarney. Era un billete asequible de ryanair y sobre todo muchas ganas de hacer un viaje.

Era un coche lleno de maletas, minibolsas de patatas fritas, latas y mucho sentido del humor. Un coche desde donde disfrutar del escaso sol irlandés, porque en cuanto poníamos un pie fuera de él el cielo se llenaba de nubes y comenzaba a llover. Eran unos mapas cutres donde faltaban muchas calles y donde había demasiadas cruces "Usted está aquí" para desconcertarnos. Era un relevo constante de copilotos, a cada cual más ingenioso.

Y sobre todo eran unos irlandeses locos, muy locos. Y también muy amables y atentos.

Y era un Cork lluvioso y gris pero con un encanto misterioso que afloraba en sus iglesias medievales de piedra gris negruzca. Y un Dublín lleno de la magia de los vikingos, de historias y paisajes de batallas contra los ingleses, de música y nacimiento de grandes artistas, de textos de Joyce por las calles.

Era también una Irlanda del norte de contrastes, un Belfast con carteles en cada esquina indicando una multa de 500 pounds por beber en la calle, eran muros llenos de pinturas reivindicativas, muchas banderas inglesas decorando las calles, era un compañero de hostal mago circense, un paisaje natural insólito, unos Giants Causeway pasados por agua.

Y eran unos acantilados de Moher de más de 200 metros de altura y 8 km de largo, una costa escarpada y un horizonte infinito, era un book de fotos y un subidón de adrenalina asomarse al borde y dejar la vista caer hacia el vacío.

Eran 9 hamburgesas y un hambre atroz, y una terraza de un pub donde se podía saludar a la gente desde la ventana de la habitación del hostal. Era Galway y la sidra irlandesa.

Era Killarney, el último día, una actuación brillante de Bambi y de Charlie y la Fábrica de Chocolate, era un parque de nacional precioso y un túnel de lavado.

Pero más que todo eso eran bromas, risas, películas, objetos, personas y todo lo posible deducible por gestos, eran neveras portátiles en cajas de cartón, eran dos imposibles de levantar por las mañanas, era un "Voy!", era un jugarse la vida por la izquierda, eran Foster, Guiness, Carlsberg y Harp, era perderse en el centro de la ciudad y para salir de ella, era hacer amigos, era estrés al volante (que no cuatros), era un desayuno-comida iralandés, y era un paisaje verde, muy verde, ¡verde que te quiero verde!, era un Slonsha en lugar de un Prost, era por amor al arte, eran sonrisas, era amistad, era la mejor compañía.

Continuará...

2 comentarios:

Javi dijo...

muy bonito rous!!!!!xD

espero que el continuara se siga pronto ;)

Brian dijo...

Dios es genial.. has resumido perfectamente el viaje y lo has descrito al detalle.. pero de lo más orgulloso que me siento es que se te ha dejado huella, que te hemos dejado algo de nosotros en ese matiz de estrés y no cuatro xDDDDDDDDD Eres una crack, sigue así, te echo de menos...